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Alguna vez un mayor pensó “para qué voy a participar,
para qué voy a intentar hacer algo, soy viejo y no sirvo ya
para nada”.
Y ese mayor se sorprendió cuando un día hizo por si sólo el dibujo de una flor, una preciosa rosa, coloreada con tonos que su corazón le trasmitía, y la miraba y miraba y cada día le gustaba más y le hacía sentir mejor. Otro día se sentó de nuevo a colorear un pajarillo y esta vez el tono de los lápices que utilizó se volvieron tan brillantes que llamaban la atención a todo aquel que lo veía, y así se lo hacían saber a él; desde entonces nunca ha faltado, a realizar todas las actividades y os sorprenderíais como él de las cosas que uno es capaz de hacer.
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